Un poco de mí

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"Un quilombito lindo". Diecinueve años. Mambos y un par de cicatrices. Fobia al fracaso. Odio al chocolate. Amor por los libros (y la birra). Pero sobre todo, con un miedo particular al olvido; por eso escribo, "porque la memoria puede fallar pero lo escrito en este blog no falla, no se borra y no se pierde".

domingo, 18 de diciembre de 2016

Timeline

Me encuentro en el living de tu casa, sentada frente a tu computadora con ropa interior blanca y una camisa tuya de jean para extrañarte un poco menos. Está sonando Guasones de fondo. Tengo todas las luces prendidas de la casa pero es solo mientras esté acá. Son las cinco menos diez de la mañana. También tengo la tele prendida en no sé qué canal, como para escuchar una voz. Le tengo miedo a la oscuridad, ya lo sabés...
Entré a los documentos. Te pido perdón de antemano. Ya sé que odiás que mire tus cosas, ya sé que son tuyas y me odio por no tener remedio. No lo tomes personal, soy así con todo. Necesito ver, husmear. Ver qué, preguntar por qué y contestarme para luego volver a cuestionar.
Sí, leí un par de... renglones de algunos textos. Nada. Me reí y seguí leyendo. Después tuve que levantarme e ir a la cocina a buscar un rollo de papel. Quedate tranquilo que para cuando vuelvas a casa no va a haber rastros de mocos ni gotas saladas, te lo juro.
Sí... Ya sé que también juré no volver a mirar tus cosas pero no es de desconfianza, ya te lo dije, me gusta y necesito saber todo de todo. No, no está bien, claro... Pero siempre fue así para mi, toda mi vida, es decir, en estos diecinueve años. Y la verdad creo que me enteré de algunas demasiado pronto...

Te leí y me emocioné. Entonces miré a mi alrededor: ¿quién diría que yo estaría acá, en tu casa, semi en pelotas escribiendo?
Me acordé del miedo que me dabas. Me dio mucho miedo enamorarme de vos. Me dio tanto miedo que miré al cielo y le pregunté por qué carajo me tocaba esto: enamorarme de un tipo como vos era lo peor que podía pasarle a una mina como yo.

Cuando decidimos vernos no esperaba mucho. No esperaba nada.
(Qué cosa, el aleatorio de youtube me ambienta con "Todas quieren rock"). Quería divertirme y conocer al tipo que me sacaba un par de sonrisas con sus tuits. Al mismo tiempo, mi otro costado un poco más racional y serio me decía que estaba completamente loca. Y mi otro costado contestaba: "tengo diecisiete años y si no me como el mundo ahora, ¿cuándo?". Sabía que seguramente era la primera y última vez que nos veríamos. Lo sabía. Estaba segura. Sería esa vez y me esfumaría para siempre. Lo único que le falta a mi vida es encariñarme con un tipo que me lleva década y media, que labura con una banda de rock y que se va de gira con todo lo que eso abarca. A mí, no me puede pasar eso. Yo soy inteligente, no puedo. No nací para ser una más del montón.

Pasaron los meses.

Me di cuenta. Tarde.
Crisis, llanto.
Un mes, dos, tres.
La puta que me parió, quién me mandó.
Yo soy inteligente, no puedo enredarme con este tipo.
Voy a enloquecer.
Lo quiero.

Estaba viéndolo, cual religión, una vez por semana.
Ya no era (solo) la cama.
Quería escuchar sus quinientas historias llenas de personajes con apodos graciosos. Quería que me cuente de él. Quería saber cuál era su color favorito y por qué siempre había paltas en su heladera. Un día me dijo que hasta se tatuaría una; me reí, mal: me lo estaba diciendo en serio.
(Son las cinco y treinta cinco de la mañana. Voy a apagar las luces, ya no hacen falta)
Lo quería. De verdad, lo quería. Lo quería a él. No al del Twitter, ni al tipo que labura con una banda de rock ("no hay nada tan piola como salir con alguien del rock"). Lo quería a él. Lo quería recién despierto y con lagañas. Mi cabeza empezó a formular la pregunta de si era la única. Ya sabía la respuesta. Me pregunté si me molestaba que así fuera.
Escribí Punto para vos.

Crisis. Llanto.
"Boluda, no me puede estar pasando esto"
No voy a permitir esto.
¿Le digo que lo quiero? NO.
¿Cómo le voy a decir a este tipo que lo quiero!?
¿Estoy loca? Estoy loca.

Luego de mucho tiempo, alguien había logrado que renacieran mis ganas de escribir. Volví acá. Acá donde soy yo. Soy mi esencia. No soy la hija de, ni la profesora de, nada de eso. Soy yo. Sin etiquetas. Soy mis letras.
(Y eso, se lo voy a agradecer siempre. Gracias. Me extrañaba mucho.)

La pasábamos muy bien. Demasiado bien.
¿Cómo pretende este ser humano que no me pase absolutamente nada con él? Estoy enamorándome del Grinch del amor. Sin dudas.
Tengo que salir corriendo de acá como sea antes de que sea tarde. O más tarde de lo que ya lo era.
Escribí Aunque no estaba en mis planes

La realidad es que estaba muy asustada. Me pasaba llorando todas las noches por callarme. Por hacer como si nada. Por ir a todos lados junto a él y no ser algo. ¿Qué era? ¿Qué somos? Me odiaba por no poder enfrentarlo. Me odiaba por no animarme. Me odiaba, en realidad, porque ya sabía la respuesta. Enamorarme fue sinónimo de tragedia.

Decidí dejar de patalear y abrir la boca.
"Bueno... Em... Nada..." (Me reí) (Siempre me río cuando estoy nerviosa). "Quería saber qué onda esto".
Me choqué de lleno con un "¿Esto qué?".

Lloré. Poquito. No podía darse cuenta de lo mucho que me importa. Escuché lo que tenía para decirme. Sin darse cuenta me había matado. Esa noche se convirtió en mi homicida
Me quedé a dormir sabiendo que debía haberme ido. Me desperté. Me fui a mi casa. Llegué llorando. Mandé muchas notas de voz y recibí el doble: todos invocaban al fantasma del "yo te lo dije".Mis viejos no sabían qué me pasaba.  Mis amigas lo odiaban.
Es que, cómo no lo iban a hacer! Yo también lo hubiera hecho, pero no me salía. El tipo me llevaba a todos lados, me había traído mi peluche favorito de su viaje a Nueva York y esperaba que no me afectara!!! Ni Summer hubiera podido seguir con su posición de "no quiero nada con nadie". Ni ella.
Esa noche escribí Unas velitas más
Lluvia de comentarios. Tuve miedo. Me gusta que me lean pero no me puede leer él.
Me leyó. Me escribió. Me dijo que no fue tan así. Quería que me tragara la tierra. Me dijo que escribía lindo pero que le dolió.
Me pregunté qué iba a ser de mi blog. No quería lastimarlo pero yo necesitaba sanarme.

Escribí Quince.


Vueltas. Indecisión (suya) . Llantos (míos). Excusas. Miedo (de ambos).
Que soy muy chica, que esto funciona solo así, que estoy por irme de viaje de egresados, que él está en otra etapa, que soy lo más pero... Que la pasamos genial pero...

Me cansé.
No doy más.

Caí en la cuenta que le estaba siendo fiel a un tipo que no pretendía mucho conmigo. Sin darme cuenta, le estaba siendo fiel hacía meses. Lloré. A decir verdad, lloraba todo el tiempo.
Estar enamorado es semejante a debilidad. No me gusta estar enamorada porque me siento débil frente a quien amo. Todo en esa persona tiene influencia en mi. Al igual que cuando tiramos una piedrita al río y las pequeñas olas que ésta provoca se van expandiendo. Esa repercusión ocurre dentro de mí: se adueña de mi humor, mis dolores, mis alegrías.

Amar te hace débil

                                                              Escribí Pacman

pero no amar te hace cobarde.


 Lo leyó nuestro entorno. Lo leyeron personas que nos vieron juntos.
Me vi acorralada. Estaba exponiendo la "intimidad" de alguien conocido sin su permiso sabiendo toda la gente que tenemos en común.
Le llegó. Lo leyó.
Me dedicó unos cinco tuits. "Lo estoy leyendo". Ese día volví a comerme las uñas luego de seis años sin hacerlo.
Entendí que ya no podía seguir haciéndolo.
Pero escribir me sana. Pero escribo y lastimo.
La contienda de siempre.


No (nos) escribí más.
Hasta hoy.

Hoy, que estoy en tu casa mientras vos estás a unas tres o cuatro horas de acá.
Son las siete menos cinco de la mañana y sigue sonando Guasones de fondo pero ya no tengo puesta tu camisa, hace calor. Sigue prendida la tele, me hace compañía. Hay un par de servilletas abolladas en la mesa de la computadora. Te extraño un poco más que cuando decidí sentarme acá. Te amo como jamás hubiera imaginado.
Pero lo más importante: ya no tengo miedo.
Enamorarme de vos fue la locura más grande de mi vida.
Enamorarte fue mi mejor hazaña.


Son las siete y cinco de la mañana y yo me voy a dormir.

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