Un poco de mí

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"Un quilombito lindo". Diecinueve años. Mambos y un par de cicatrices. Fobia al fracaso. Odio al chocolate. Amor por los libros (y la birra). Pero sobre todo, con un miedo particular al olvido; por eso escribo, "porque la memoria puede fallar pero lo escrito en este blog no falla, no se borra y no se pierde".

lunes, 12 de octubre de 2015

PacMan

Cada vez que mis dedos tienen cita con el teclado y comienzan con lo suyo,
 me pregunto cuántos días tardarás en leerlo.
Que no sea hoy. Mejor, mañana.
Y no olvides, por nada de lo aquí escrito, que te quiero.
(Volver a leer cada vez que se esté a punto de comenzar)


Mis amigas escuchan mi monólogo cuasi novelesco y con las miradas llenas de signos de preguntas se encogen de hombros soltando una leve exhalación. Y está bien. Ya no es necesario que me aconsejen y me repitan por décima quinta vez que deje de incendiarme las neuronas con vos.
Tienen razón. Quizás debería hacerme a un lado.
A veces creo fervientemente que lo mejor sería ponerle un punto final a esto que no sé definir; y así es que de repente aparecés y lográs minizar todo lo que hace menos de cinco minutos era una total amenaza terrorista a mi forma de vida tan ordenada y emocionalmente equilibrada. Las dudas desaparecen de forma fulminante: te comés una por una cual PacMan todas las razones que, hace un rato, eran más que suficientes para decirte que tengo el alma demasiado abollada para arriesgarme una vez más a todo el riesgo que representás.
Por primera vez en mis pocos años encuentro a alguien que descoloca todo lo que soy. Que me hace dudar de todo lo que siempre creí incuestionable.
Sin embargo los sismos internos cada vez que comienzo a gotear dudas me ahogan el pecho. (Estoy llena de goteras). Y me enrosco una y mil veces con mil preguntas que no me animo a hacerte: ya me sé las respuestas. Ya sé todo lo que tenés para decirme, pero no lo quiero escuchar.

Te hubiera escrito el cielo.

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