Un poco de mí

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"Un quilombito lindo". Diecinueve años. Mambos y un par de cicatrices. Fobia al fracaso. Odio al chocolate. Amor por los libros (y la birra). Pero sobre todo, con un miedo particular al olvido; por eso escribo, "porque la memoria puede fallar pero lo escrito en este blog no falla, no se borra y no se pierde".

jueves, 6 de agosto de 2015

Quince

De repente la vida te coloca a la misma distancia de huir o quedarte para siempre (o lo que sea que eso dure). Y así te hallás haciendo cálculos y determinando la relevancia de todo lo ocurrido en tu balanza personal, con la ansiada esperanza de que todo lo bueno (y todo lo genial que vos creés que pueda llegar a pasar) termine siendo más y mejor que todo lo que uno pueda considerar como "malo" o no tan bueno. Como si uno pudiera poner en kilogramos o números los sentimientos, yo me pongo a sumar y restar y dividir. Esto sí, esto no, esto no sirve.
Me pongo a pensarnos: me cuestiono y enumero uno por uno los defectos de este vínculo que tenemos. Uno, dos, cuatro, siete, nueve, once, trece, catorce, quince. Quince. Una lluvia de "peros" comienza a mojarme las ideas. Me detengo a pensar de nuevo y en realidad ¿qué importan en cuestiones del corazón? Hasta quizás sean esas quince razones las que nos hagan perdurar.
Y de repente entiendo que la razón no tiene lugar en estos juegos: yo te quiero igual. Te quiero de esa forma inocente y casi religiosa que la gente de mi edad suele hacerlo. Y es que, querer a alguien teniendo motivos es muy fácil, muy sencillo; pero querer a alguien a pesar de algo, es diferente. Conocer las contras y amigarse de ellas es inusual. Y yo te quiero, pese a esas quince que lo impiden.

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