Un poco de mí

Mi foto
"Un quilombito lindo". Diecinueve años. Mambos y un par de cicatrices. Fobia al fracaso. Odio al chocolate. Amor por los libros (y la birra). Pero sobre todo, con un miedo particular al olvido; por eso escribo, "porque la memoria puede fallar pero lo escrito en este blog no falla, no se borra y no se pierde".

lunes, 25 de mayo de 2015

Punto para vos

Me gusta la picardía de tu sonrisa y tus ojos achinados. (Y el misterio que desatan). No voy a confesarte nunca cuánto me fascinan los cds que nos rodean. Mucho menos cuánto lo hace el abecedario que forman. No daré lugar a la posibilidad de que te enteres que quisiera besarte las ideas. A la fascinación que lográs que sienta. De lo que me divierte y emboba tu libertad. Tampoco hablaré sobre las veces que encontré restos de (tus) otras lunas debajo de la cama. No te asustes: (para nuestra sorpresa) no me movilizó nada.
Será porque soy consciente del marco que nos envuelve. Algo así como quien alquila una película: prepara todo lo necesario para asegurarse que una vez apretado el botón de "play" podrá observar, analizar y disfrutarla lo mejor que pueda; ya que no podrá ser espectador de ella cada vez que le plazca. Disfruta y analiza y absorbe y fotografía detalle por detalle, encuadrándolo en algún rincón de su memoria sabiendo que, al finalizarla, tendrá que devolverla porque no le pertenece, porque quizá, la próxima vez que vaya en su búsqueda, otra persona esté deleitándose con ella. Eso es: sos la película que no me cansa, la cual no me permite ni pestañear pero que cada tanto no puedo ver porque me ganaron de antemano. Y quizás eso sea lo que me retiene en tu persona: saber que no nos pertenecemos. Que nos pedimos prestado.
Unos besos, unas palabras que adornen y se acabó. Un mimo, tres mimos y hasta luego.
Era la fórmula perfecta. Era brillante. Éramos (o yo me creía) parte de alguna ecuación matemática sin margen de error. Sentimientos a la cero más paréntesis vos más yo cierre de paréntesis menos tus historias menos mis mambos más besos al cuadrado menos ropa igual a un perfecto y ovalado cero. Era espléndido. Digno de algún Nobel.
Para serte sincera pocas veces alguien suscito tanta curiosidad en mí. Mi afán de conocer qué había más allá de lo ya visto o escuchado me hizo verte ciertas veces como la gran incógnita que necesitaba resolver. Como el mejor y más perfecto crimen que alguien pudiese aclarar. Y allí estaba yo. Yo que nunca supe hacer amistad con la intriga; con los sentidos extasiados de placer, de ansiedad y sobre todo de dudas. Y hambre. Hambre de hallarle la X a esa ecuación que representás. Y de admiración. Sí, admiración. De esa que te hace rebalsar los ojos de un brillo peculiar.
Allí estabas vos, empuñando tu mejor sonrisa, haciendo colapsar mis intrigas.
De a poco comencé a descifrar tus gustos y costumbres. Como que no podés dormir si no estás del lado izquierdo de la cama. Y hasta comencé yo (¡¡¡YO!!!) a no poder dormir si no me encontraba del lado derecho. Comencé a saborear tus formas de desenvolverte. Y casi sin darme cuenta me vi admitiendo gustar de tener primera fila para contemplarte articular.
De repente, me vi atraída no sólo por el vaivén de nuestros cuerpos, sino por la seducción de una mente que lograba romper todas mis certezas. Me vi queriéndote escuchar. Queriéndote sanar los golpes de algún pasado violento. Queriendo conocer cada grieta, cada rincón.
Me vi queriéndote. Me vi queriéndonos. Queriéndote en todas tus versiones (sobre todo en la que no todos (para mi suerte) logran degustar). Queriéndote aún sabiendo que no sos ni te quiero mío. Te quiero, te quiero sabiéndote de nadie, de todas partes, y que aún así, hay algo que nos hace encontrarnos en la misma cama.
No te quiero mío porque acabaría con el encanto. Con la esencia misma que me hace buscarte:  la incertidumbre.

No hay comentarios.: