Un poco de mí

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"Un quilombito lindo". Diecinueve años. Mambos y un par de cicatrices. Fobia al fracaso. Odio al chocolate. Amor por los libros (y la birra). Pero sobre todo, con un miedo particular al olvido; por eso escribo, "porque la memoria puede fallar pero lo escrito en este blog no falla, no se borra y no se pierde".

miércoles, 9 de julio de 2014

¿Qué parte del ayer pagamos caro?

Tantas vueltas y venidas. Tantas despedidas sin saber qué hacer, cómo seguir, a quién mirar. Quisimos, tratamos. Dejé a momentos el orgullo que tan bien me caracteriza. Pedí perdón, (te) perdoné (o al menos intenté) (te lo juro) (intentá creerme). No funcionó, no sirvió, o sí... Sí que sirvió pero no para el fin que quisimos lograr juntos, a la par.
Esta vez no quiero escribir sobre los malos ratos, de esas peleas en las que siempre cabían tus "escuchás lo que querés" y mis "no me rompas más las pelotas, pelotudo". No quiero hablar del mal que nos hicimos entre tanto bien, sino del bien que nos hicimos entre tanto (¿tanto?) mal. O mejor: que me hiciste.
De repente vienen a mi cabeza esos Flynn Paff que salieron de tu bolsillo la primera vez que nos vimos. Teníamos un par de años y golpes menos. Y nos creíamos capaces de todo. Nos besábamos bajo la lluvia, corríamos los colectivos cual infantes. Y, lo éramos. O al menos yo, a tu lado, lo era. 
Siempre dijiste que te gustaba la madurez que representaba, esa madurez que muestro frente a los que no me conocen, que uso como una especie de coraza para mantenerme un poco distante de los demás. Sin embargo, con vos volví a a mi infancia. Sobre todo porque me malcriaste de las peores formas. Me convertiste en la mejor versión de mi. Creaste una revolución en mi vida. Creaste una revolución en mi cuerpo, en mi cabeza, en cada lunar que bien conocés (pero nunca terminaste de contar).  Verte era, es y será revolución. 
Y también me lastimaste. Y lloré. Y caí. Y me vi sola. Crisis. Y no supe qué mierda hacer sin vos. Pero peor que estar sin vos, era saberte el causante de tanto impacto en mi. Porque tenés la gran capacidad de hacerme sentir la mina más linda del país, a un nivel princesa de Disney, pero también podés y sabes cómo hacer para que quiera desaparecer de forma fulminante. De todas formas, aunque no me olvido de lo mal-vivido, prefiero o es más saludable quedarme  con lo bueno porque para malo, ya te tengo lejos de mí.
Esta es la parte en la que me sincero y luego, dentro de cuarenta minutos cuando relea lo escrito, voy a querer apretar incesantemente "suprimir". Respiro. Inhalo. Empiezo.
Dos años (entrecortados o no) compartiendo vivencias no son poco. Sobretodo porque vivimos mil quinientas cosas y me marcaste mil quinientas más. Fuiste, sos y serás mi primera experiencia. Fuiste mi primer y gran compañero de vida y te voy a estar eternamente agradecida. Para mi, fuimos las personas correctas en el momento menos indicado, sin embargo, logramos tanto pero tanto que no sé por donde empezar. A pesar de todo, hoy, te volvería a elegir sabiendo ya el final de esta historia. Tengo la firme certeza de que nadie me cuidó de la forma en la que lo hiciste vos. Así como también tengo la convicción de que nuestros cuerpos son como imanes. La atracción que sentimos es inexorable, no hay piel como la tuya.
Corto con tanta cursilería y me doy permiso a decirte que sos un hijo de puta. No hay piel como la tuya. Sos el tipo de hombre que quiero al lado. Y yo también la pifié, yo también erré. A veces no supe cómo hacerte saber lo esencial que eras en mi vida, y en otros casos, no pude o no quise vaya uno a saber por qué. Bah... Saber sé. Soy la reina de las idiotas. Y vos, el rey. Sí. Ya que estamos...
Risas, abrazos, gomitas y rock sería algo así como un resumen de nosotros. Aunque podría agregarle una (tu) cama y Dr House a esa descripción. Fuimos eternos, ¿sabes? Estoy orgullosa de lo que fuimos. Sos parte de mí y eso nada ni nadie puede cambiarlo. Los de afuera son de palo y que la cuenten como quieran. Nadie me quita lo bailado (mucho menos si mi baile sos vos).
Solo nosotros sabemos todo lo que vivimos, tanto los errores como los aciertos. Yo me hago cargo de mi parte. No niego que de a ratos te extraño. Que de vez en cuando me urge que estes acá, conmigo. Hasta de vez en cuando extraño enojarme y darle pie a la discusión. Pero si tengo que nombrar algo, es la falta de tu risa haciéndome cosquillas en la panza. Tu risa y me tiemblan las piernas. Aún así sé que esto es por los dos y para los dos. En realidad por vos, por mi, para vos y para mi. Te amo y te voy a amar siempre y conste que te voy a esperar(o hasta donde me permitas).Te deseo la mejor de las suertes y que seas feliz, que logres todo lo que te propongas. Voy a vivir enamorada de ese flaquito de diecisiete con Flyn Paff en los bolsillos. No dejes nunca de brillar, mi amor.

La pibita de lentes y mochila negra.

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