Un poco de mí

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"Un quilombito lindo". Diecinueve años. Mambos y un par de cicatrices. Fobia al fracaso. Odio al chocolate. Amor por los libros (y la birra). Pero sobre todo, con un miedo particular al olvido; por eso escribo, "porque la memoria puede fallar pero lo escrito en este blog no falla, no se borra y no se pierde".

viernes, 27 de diciembre de 2013

Más que a nadie.

Te quise. Más que a nadie. Nadie. ¿Para qué te quise? ¿Para coger, besar, encontrar, perder? ¿Cómo te quise? ¿Más que nadie? ¿O más que a nadie? ¿Más que a todos? ¿Quién es "nadie" y quién es "todos"? ¿Más que a mi viejo, mi primo, mi perro? ¿Más que esos amigos que solía tener? ¿Más que a los amigos que aún conservo? ¿Más que a mí? ¿Te quise más que a mí? ¿Qué gané queriéndote? ¿Qué gané perdiéndote? ¿Perdí algo ganándote? ¿Te gané? ¿Las personas se ganan? No. Definitivamente las personas no se ganan pero se pierden, viste. ¿Vos viste cómo se pierden!? Se pierden mientras se buscan (algunas no se vuelven a encontrar jamás). Se pierden hasta buscando un kiosco. Pierden los cigarrillos, las ideas, la memoria. Pierden la cordura, pierden vergüenza. Pierden amores, y se pierden. Pierden amigos, pierden plata.
Y yo me perdí, me perdí con vos. Siempre alguna parte de mi se pierde con vos. Mis letras se habían perdido. Perdí el hilo de mis escritos. Perdí mis dedos en algún lugar de tu cuerpo. Perdí mi cabeza quién sabe en qué lugar de tu casa. Perdí queriendo perder, la lógica de mi vida. Creí perder la vida con tu huida.
Eso pasó. Creía perder el oxígeno cada vez que la posibilidad de chocarme con vos, crecía. Aunque, francamente, quería cruzarte. A propósito pero sin quererlo... Perdía las ideas. Perdí momentos. Perdí kilos. Perdí talles. Perdí noción. Perdí las ganas. Y ahí comienza lo peor: no tenés ganas de salir, no tenés ganas de comer, no tenés ganas de levantarte a cepillarte los dientes, no tenés ganas de aguantarte. No tenés ganas de ser. No tenía ganas de verme (o sufrirme) en el espejo con mis 10 kilos menos en un mes. Un récord. Aplausos para mí ja ja ja. No tenía ganas de verme la sonrisa gris, apagada. Y otra vez, volvía a verme las costillas, volvían los calambres, volvía el frío sin embargo esta vez, yo no quería volver a pertenecer a ese círculo. Yo ya me había consagrado campeona. Yo ya había salido victoriosa.
Le había vuelto a perder el amor a la vida. Y lo peor: me había perdido el amor a mí.  Mi estado era un sube y baja constante. Desequilibrio total y asqueroso. Pero como siempre uno puede rescatar cosas de esas épocas en su vida: la gente que de verdad quiere estar. Ahí te das cuenta quién te quiere de verdad, en los momentos de mierda. Te das cuenta quién te quiere, quien no te quiere, quién no te quiso nunca. Y, querido amigo, si no me querés en mi peor versión, no me merecés en la mejor.
Hoy puedo afirmar sin mentir(me) que ya estoy como antes: feliz. Y aunque suene irónico, estoy segura que es uno de los mejores años de mi vida, por todo, hasta por esa gente que lo único que quiere es verte mal para poder sentirse un poquito mejor.
Luego de haberme perdido tanto con tu engaño, me volví a encontrar. Volví. Volvieron mis 10 kilos acompañados de algunos más. Perdí los ataques de pánico, perdí el miedo de subirme al bondi lleno, perdí los mareos. Aprobé el examen para II Dan con mención especial (no, tampoco puedo creerlo). Gané el Torneo Nacional de Taekwondo. Pasé de año en el colegio y en  Inglés. Voy a ser madrina de una gordita que hoy ya tiene tres meses. E año que viene empezaría a dar clases de Taekwondo. En unos días me voy de vacaciones. Y lo más importante: tengo a mi gente venciendo mis miedos, aguantándome el alma. A esa gente le estoy totalmente agradecida. Ya mi, gracias a mí. Te quise más que a nadie a mi.

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