Un poco de mí

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"Un quilombito lindo". Diecinueve años. Mambos y un par de cicatrices. Fobia al fracaso. Odio al chocolate. Amor por los libros (y la birra). Pero sobre todo, con un miedo particular al olvido; por eso escribo, "porque la memoria puede fallar pero lo escrito en este blog no falla, no se borra y no se pierde".

lunes, 28 de octubre de 2013

Conservando en apariencia, una amistad consolidada.

Hola, flaquita.
Espero que tanta distancia no haya contribuido a tu olvido inmediato. Casi tan repentino como esa tarde en que nos conocimos. No me la olvido más, ¿sabes?
Me alegra un poco que no hayas cambiado la contraseña de este blog. Es la única forma en la que de alguna manera, me siento un poco parte tuyo. 
Creo que no es necesario que te cuente por qué no te devolví el libro. Creo que está demás. No quiero causarte ningún mambo en tu vida. Ni en tu cabeza. Aunque para ser sincero, siempre sabés y bien qué querés. No te animás a decirlo por miedo, ese miedo al fracaso que tan bien te identifica. 
Al menos, de esta forma, algo tuyo me queda: esas letras de este libro que tanto te gusta, al igual que ese perfume que, siempre tan inteligente e hija de puta, le pusiste a las hojas. 
Te encargaste (y de diez) de que no te pueda sacar de la cabeza. Estos días en Madrid lejos de vos, se me están volviendo eternos. Por cierto... ¿te acordás cuando me hablabas del miedo que tenías de que ese pibe se olvide de vos? Sí, de ese con el cual volviste. Bueno, quedate tranquila. Vos tan preocupada porque encuentre a alguien que se te asemeje... Puedo firmarte y afirmarte que te tuvo presente en cada mimo, en cada prenda que despojaban de su cuerpo. Estoy seguro que te encontró en cada mirada, en cada gesto. Nena, no hay como tu piel, no hay como tu olor.
Te lo puedo reafirmar porque es justo la mierda que estoy viviendo. Mierda porque te extraño como nunca. Mierda porque no te encuentro en nadie y mierda que te ando buscando. Mierda porque no saco una puta nota en la puta guitarra que me firmaste. Mierda porque ya me cansé extrañarte. De salir a buscarte e intentar reemplazarte con la primera minita que se me cruce. Mierda porque nadie me mira con esos ojos rasgados de la misma forma que vos. Porque nadie puede igualarte en ningún punto: ni como amiga, ni como amante, ni como mujer. ¿Lo peor? Lo peor es que no sos la mejor. Porque no, flaquita, no lo sos. No sos la mejor amiga, ni la mejor amante, ni la mejor mujer pero hay algo en vos que no hay en nadie. Sos un diez en todas las formas. Desde cuando me agarrás de la mano y me invitas a correr, hasta la forma en la que mirás cuando te desnudo. Sos un diez hasta cuando te ponés a discutir con mis amigos. Sos un diez hasta desapareciendo. Sos un diez haciendo el amor, sos un cien.
Justo a mí me viene a pasar esto. A mi el gato de los gatos (según las puteadas que me dedicaron), a mi que todo me chupa un huevo. A mi que no me enamoro nunca. A mi con mi vida tan light a base de fernet y puchos y conga, conga, conga... Y rock. Esos pelotudos temas de rock que tanto me llegaron a gustar, hasta esos te traen a vos! No hay un rocanrol que no te traiga a vos, diría tu bandita. Porque ya no es mi banda, es tuya, hija de puta. Es tuya. Ni eso me dejaste.
Quería que sepas que del otro lado del océano vivís. Vivís más que nunca. Cada noche que me meto en otras sábanas. Cada vez que me pongo en pedo tratando de olvidarte (y termino recordándote más). Y sobre todo, cada vez que miro hacia la esquina de esta pieza y veo esa guitarra que tanto te gusta.
Sabina, ese viejo me tiene podrido, se escucha por todos lados, como si me siguiera, como si quisiera que no pueda ni ducharme en paz.

Y a vos, cuidala. Cuidala mucho porque ya no hay minas así. Cuidá a la mejor mina que conocí. Cuidala con sus histerias, con sus gritos, con sus ganas de patear cualquier cosa cuando se enoja. Cuidá al terremoto hecho mujer que me cambió la vida. Escuchala leer, por favor, no te pierdas escucharla leer los libros que más le gustan. No te pierdas mirarla ponerse los guantes y el dobok. No te pierdas sus nervios, no te pierdas la forma en la que te estruja la mano cuando siente que no puede más, que ya obtuvo demasiado. No te pierdas verla bailar porque nadie mueve tan bien esas piernas. No te pierdas discutirle y que se le hinchen los cachetes de rabia. Mimala mucho, dale muchos besos en la panza, dale todos los besos que por cagón, por miedo a engancharme, yo no le pude dar. No la vuelvas a cagar, por favor. Abrazala mucho, porque pibe quien no sepa abrazarla se va a pasar la noche al infierno. Sacale todas las fotos que por cobarde, yo no quise. (Y cómo me arrepiento, la concha de tu madre). Cantale, cantale que le encanta. Preparale un buen fernet, al ritmo de su banda. Decile que escriba, que escriba mucho, que se deje de joder con esas cosas que le dicen, y que nunca deje de teclear. Esa mina que, por suerte (y muuucha) tenes al lado, es capaz de hacerte pensar, ver y hacer cosas que nunca en la vida hubieras imaginado. No la dejes, no la lastimes, no le cortes las alas. Dejala ser, mirala crecer, pelotudo. No la lastimes más, por favor. No la lastimes porque se va, te juro que se va y desaparece. No la volvés a ver más. Y chau risas,  chau a su piel, a ese calor, a ese olor tan espectacular que solo ella tiene. Olvidate de su risa (si podés). (No vas a poder). Si hubieras escuchado cómo a pesar de estar hecha mierda, a pesar de tener el alma rengueando te seguía cuidando, te seguía amando... Si la hubieras escuchado! Cuidala porque es la clase de mina que cualquiera quiere, cualquiera. Porque esta mina, con esos dieciséis, es la contradicción en persona. Una hermosa contradicción. Es todo aquello que no puede ir junto, que no puede estar combinadoSos de otro mundo. Tenes una delicadeza extraterrestre, te lo juro.  
Te extraño, flaquita. 

Sabíamos no decirnos nada. Sabíamos no exigirnos mucho. 
 Vos con tu mochila a cuestas. Yo con la excusa perfecta, para charlar de pavadas. 
 Un poco de humo en el medio, y enloquecieron las miradas. Quiso el destino que esa noche hiciera frío. Que el ruido de los coches me hiciera hablarte al oído. Y si el diablo se contenta con que dudes un instante. Dudaste.
 Vos y yo. Nuestras miserias. Esa noche por delante amor. Aquel bar medio vacío, como único testigo. Brindamos por el olvido. Y que siga la milonga, amor.

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