Un poco de mí

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"Un quilombito lindo". Diecinueve años. Mambos y un par de cicatrices. Fobia al fracaso. Odio al chocolate. Amor por los libros (y la birra). Pero sobre todo, con un miedo particular al olvido; por eso escribo, "porque la memoria puede fallar pero lo escrito en este blog no falla, no se borra y no se pierde".

jueves, 8 de agosto de 2013

Soledad

Me molesta mucho cuando creen y hablan sobre lo bien que la estoy pasando. Sobretodo porque no es tan así. Bah... Más que molestar, me duele. Un poco de mí se marchita al escucharlo. Me duele sobretodo viniendo de vos que conocés mis peores demonios. Me duele que digas que cambié. Sobretodo porque todo cambia, hasta vos. Cambié, seguro que cambié, pero no porque haya sido un completo y decidido plan  mío, sino porque la vida, las personas, todo lo que nos rodea lleva a hacer ese pequeño "click". Y a pesar de todo lo que esos "cambios" constituyan, sigo siendo la misma. Aprendí muchas cosas, y me dí cuenta de tantas otras. Como de que me faltan huevos para afrontar esto. Reconozco mis errores, mis faltas, todo lo mal que pude haber hecho y lo estoy arreglando. Arreglando para mí. Para crecer. Y estoy creciendo. Estoy en pleno proceso.
Otra vez vuelve esa fiel amiga soledad. Siempre vuelve cuando uno menos se la espera, cuando uno menos la necesita. Vuelve para demostrarme que no soy tan fuerte como pienso, que todavía me falta (y mucho). A veces me encuentra tan débil, sin guardia alguna. Y así fue: me encontró cansada, sin aire. Me encontró rodeada de gente. Rodeada de miradas, de risas agotadas que parecían apagadas, distantes, muy distantes. Tan distantes, que apenas las podía divisar. Y me llena de rencor, de agonía, de violencia. ¡Eso! Me llena de violencia y de miedo. De estrías en el alma. Y sólo sé que estoy sola porque estoy sola. Así de simple. Soledad me incita a agarrar el teléfono, pero no gana (por suerte que no gana). Me incita a llamar a mis amigos, a mis amigas, a mi gente pero simplemente, no quiero molestar. Aunque a veces, simplemente, no tengo ni las ganas de escuchar. Sólo soledad y yo sabemos cuán profundo es este dolor que quema pero que al mismo tiempo, disfruto. De vez en cuando, me gusta estar sólo con ella. Tampoco creo que podría quejarme, porque no me quejo. Sí, puede que me esté yendo muy bien como dicen. Que esté (y lo estoy) en un momento muy lúcido de mi vida. Hasta podría animarme a decir que soy feliz. Hay días que lo soy.

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