Un poco de mí

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"Un quilombito lindo". Diecinueve años. Mambos y un par de cicatrices. Fobia al fracaso. Odio al chocolate. Amor por los libros (y la birra). Pero sobre todo, con un miedo particular al olvido; por eso escribo, "porque la memoria puede fallar pero lo escrito en este blog no falla, no se borra y no se pierde".

jueves, 22 de agosto de 2013

501

Hace mucho tiempo no siento esta necesidad que, antes de conocerte, me invadía por completo. Hace mucho que mis manos no se vuelven tan frenéticas al tocar las teclas, así que aprovecho estas ganas para poder volver a ser yo. Para ser sincera, anduve escondiéndome de la computadora. Y lo hice por vos. No quiero ni quería lastimarte. Hace mucho tiempo que en realidad, mis ganas de "no escribir" sólo eran una excusa para no lastimarte. Y creo que ya pasó el tiempo suficiente dentro mío y tengo las ideas un poco más ordenadas. Dejé de querer escribir porque no tenía nada lindo para decir. Dejé de amar sentarme frente este monitor sólo porque podía sentir que mis manos no iban a contar nada bueno de los dos.
En este tiempo dejé de quererme. Volví a dejar de quererme. Creo que cualquiera que tuvo el disgusto de verme en joggins, despeinada, con el esmalte a medias puede confirmarlo. Y la persona que vio a mis notas decaer cual paracaídista, también. Y no hablemos de la asquerosa forma en la que los jeans me bailaban. Me dejó de importar cómo me vieran, o mejor: cómo yo me viera.
Soy consciente y fiel a mi idea de que cada uno lleva las cosas como puede, como le sale, como lo siente. Y a mí me salió lo que me salió, lo que pude, lo que sentí. Porque por más que tengas unos amigos espectaculares y gente que esté pendiente de que no caigas, si uno no está dispuesto a ayudarse, nada sirve.
Esos días en que me vi abandonada dejé de comer, dejé de dormir, dejé de preocuparme por las cosas. Inconscientemente, dejé una parte de mí. Yo sabía que lo nuestro no iba a durar, inconscientemente, desde el principio ya estaba preparada para esto. Cuando generalmente, yo soy la última en enterarme de todo. Nunca me tocó decir "hasta acá llegué". Y cumpliendo mi rol de feminista natural, creo que es mejor dejar a que te dejen. Y lo voy a sostener. Yo me vi siendo abandonada, sin embargo, por primera vez, no dije nada. Te cuento que no podía creer como la persona que hasta ayer me decía "te amo", hoy me estaba diciendo que me deseaba lo mejor. Bah, en realidad ni siquiera eso. Error mío. No entendía cómo hoy me estaba diciendo que deje de romperle las pelotas, que lo deje tranquilo. Cómo una persona que me amaba me había cortado por teléfono, cuando una vez habíamos pactado que el día que no sintiéramos lo mismo, nos lo íbamos a decir. Parecía una joda. Y para mostrarte lo boluda que quedé frente a aquel gancho en el vaso, creí que era una joda de verdad. Estaba esperando que salieran cámaras del cielo y me digan que era para un programa de televisión, o algo por el estilo.
Me hago cargo de esa idea tan imbécil que, básicamente, te lleva a cualquier lugar donde haya espacio para este metro sesenta y monedas. Por unos días, me sentía engendrada de un tema de Sabina.
En aquellos días donde velé lo nuestro, me di el tiempo de disfrutar hasta las cosas que odiaba de vos. Hoy que puedo escribir tranquila, extrañaba mucho sentarme en esta silla sólo pensando en mí.
En estos días, o meses... (Francamente no tengo puta idea de hace cuánto terminó todo) enterré a esos hijos que imaginábamos tener, al perro al que nunca le discutimos el nombre, a esa casa con patio, a los tantísimos planes que había hecho con vos. Tuve mi tiempo para dejarte, porque nada es de un día para el otro. Ni las ganas de cortar una relación.
Aprendí que uno no sólo lleva las cosas como puede, como le sale, sino que uno también ama de la misma manera. Y entiendo que a mí me salió así, que pude amar así. Entendí que dejar de escribir también fue amar: quise cuidarte. Es enfermizo pensar a qué punto podemos llegar a sacrificar nuestras formas para que el otro se sienta a gusto. O un poco menos disgustado. Guardé mis letras donde no pudieran tocarte. Donde no pudieran contarte que yo era la que tenía las ideas justas para acomodar las tuyas y que tarde o temprano yo volvería a ser esa minita de la que tanto se me habían enamorado.
Muchos dirán que vuelvo a escribirte como reproche. Que solo desgasto el teclado para contar, una vez más, tus defectos que tanto me llegaron a encandilar. Por suerte, esos muchos están pifiando. Cachetotes, yo te amo y te voy a amar siempre, capisci? Y te amo tanto que te dejo ir. Te deseo lo mejor. Y lo mejor que puedo hacer es desprenderte de mí.

Noche 501. Bienvenida. 

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