Un poco de mí

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"Un quilombito lindo". Diecinueve años. Mambos y un par de cicatrices. Fobia al fracaso. Odio al chocolate. Amor por los libros (y la birra). Pero sobre todo, con un miedo particular al olvido; por eso escribo, "porque la memoria puede fallar pero lo escrito en este blog no falla, no se borra y no se pierde".

domingo, 2 de junio de 2013

No

Justamente cuando no debería ser puntual, lo soy. Y viceversa. La verdad que me hubiera quedado una eternidad allí recordando cada una de las cosas vividas. De las lindas. Para cada metro cuadrado había una historia. Para cada historia una canción. Y para cada canción la misma cama. Me ví acorralada por mis mayores fobias: el fracaso y el inexorable reemplazo. Porque es así, no servís y te desechan. Pero, porque, sí, no, entonces, cuando, como... No importa. Me cansé del discurso ese que siempre empieza con el "sos terrible mina" siguiendo de "las notas que tenés son excelentes" y todo lo bueno que (según ellos) tengo. Que mis medidas son 95-66-95, que la forma en la que hablo, que en los deportes suelo ser buena, que esto y lo otro y aquel. Sepan disculparme por ser tan pesimista pero cada una de esas cosas no me sirvieron para nada. Siempre fui tan maleable, tan reemplazable. 
El vodka me mira y se me caga de risa, las pastillas en el morral que bailan esperando encontrarse en mi boca para enfiestarme el alma y al final, darla vuelta y dormirla. 
Nunca fui muy buena, pero tampoco me considero una terrible hija de puta. Bah, sí, en realidad sí. No soy buena y soy una terrible hija de puta. Es más, soy una hija de re mil putas. Y te mentí, gocé de cada lágrima, y no sentí nada al besarte más que pena por vos, y por mí. Por vos porque dejaste que hicieran lo que quisieran con tu persona y te refugias en alguien que no conocés. Y de mí, por dejar que me toques sabiendo que tampoco te conozco. Bendita sea tu boca. Te crees tan maduro y sos un pobre pibe, y yo una pobre mina que se entregó. Y lamentablemente lo único que quisiera que de verdad me devuelvas, no podés devolvérmelo. No me importan los regalos, no me importan las fotos, no me importan tus cartas ya que a todo lo veo como una gran mentira. Porque si amás no engañás. O si lo hacés, no te defiendas detrás de excusas tan... miserables. Miserables como cortarme por teléfono, señor Maduro. Miserables como acostarte con otra mina, a los dos minutos de cortarme por teléfono. Y esas cosas, no las hace un Adulto. Bah... No lo hace una persona con dos dedos de frente. Una persona segura de sí misma. En realidad, ni yo lo hubiera hecho, y no me considero ni madura ni segura de mí. Imaginate...
El protocolo de las despedidas nunca me sentó bien, o yo no le siento bien a ellas, quién sabe. Pero siempre algo pasa en mis intentos de decir adiós. Como hoy. Hoy que no me reconocí. Hoy que, básicamente, si no se olvida de mí, va a ser por el bofetón que se comió. Lo demás, dudo que le importe. Digo (y pienso, y re-pienso y pregunto): ¿cómo pretender que se acuerde de todo lo lindo que vivimos, que recuerde su supuesto amor por mí si para acostarse con otra mina no lo recordó? Y sí, es más, mientras yo estoy acá, en una joda de un amigo/conocido, saltando la banca, con una netbook que encontré tirada debajo de una mesa, ella le debe estar haciendo el amor. Bah... se lo debe estar garchando, porque no es amor. Las cosas como son, ¿verdad?  Es más, hasta podría describir cómo se la está garchando pero... ¿para qué ser tan bizarra, no? Te entiendo, aunque parezca que no, te entiendo. Pero yo tampoco la pasé bien en estos días y no terminé en la cama de nadie. Es más, en este momento podría estarlo y sin embargo no lo hago, porque creo yo, que mi paz, no la encuentro entre las piernas de nadie. Pero capaz estoy muy errada, demasiado loca, demasiado fuera de moda, qué sé yo. Capaz soy demasiado anticuada. Demasiado pendeja, según un par de comentarios tuyos. Nos amamos hasta donde pudimos (o hasta donde pudiste). Y yo podía luchar por nuestro amor, pero no contra vos. Vos que elegiste encontrarte en la misma cama, pero con otra compañía. Mientras yo te volvía a elegir, a pesar de las miserias. De las lágrimas. De los  "dejame en paz". De los "no quiero estar con una persona que se clava ocho pastillas". Y yo, no quiero estar con una persona que no me entienda, que piensa que acostarse con otra mina es la salvación, porque no te salvás de nadie, ni de vos. Y no me vengas con las mismas pelotudeces de que no te daba bola, de que esto y lo otro, del "no es tan así". PORQUE NO HAY EXCUSA, NO HAY POR QUÉ, NO HAY NADA. No hay amor, no hay respeto, no hay nada. Y tus palabras no me sirvieron de nada, nada bueno. Y hoy me veo en mi cama sola, no espero encontrarte, no me tienta mucho la idea. Todo el futuro para mí. Y en realidad a esta mina le viene todo a de arriba ya que la que te bancó tus peores mambos, acá está. Todo es más fácil cuando el laburo ya está hecho. No te voy a decir que la pases bien, que disfrutes, ni nada por el estilo porque no hace falta que te lo diga para que lo haga. Extraño a ese flaco que bardeaba a los ex's de mis amigas diciéndome que no tenían los huevos bien puestos. Mi pregunta es: ¿dónde los tenías cuando te llamé?... Mejor ni me digas. La cuestión es que las pendejadas a mí me quedan bien, pero a vos...
Pensar que esa noche en la que decidiste cortarme mientras estabas en tu casa con ella, te llamé para decirte que te extrañaba... Y que quería volver a empezar.

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