Un poco de mí

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"Un quilombito lindo". Diecinueve años. Mambos y un par de cicatrices. Fobia al fracaso. Odio al chocolate. Amor por los libros (y la birra). Pero sobre todo, con un miedo particular al olvido; por eso escribo, "porque la memoria puede fallar pero lo escrito en este blog no falla, no se borra y no se pierde".

domingo, 29 de abril de 2012

No hay mal que por bien no venga.

Tardes frías y grises, como la de hoy, me hacen volver a él. A su cuerpo. A la forma en que sus manos me rozaban y me hacían temblar por completo. Temblar de placer. Esas tardes en las cuales nos envolvíamos en gemidos. En ganas de seguir y no terminar más. En que esas tardes fuesen eternas y que los relojes se detengan para siempre. O por lo menos eso quería yo. Él no lo creo. Vivía y seguramente vive del momento. Aprovecha el instante y luego te olvida, te tira y no te llama más... Hasta que tenga ganas de volver y el ciclo comienza de nuevo. Y una vez que concluye vuelve a comenzar. Y mi celular vuelve a sonar y su voz me encandila hasta llevarme a sus sábanas. Me puede, inexorablemente me puede. O me podía, hasta que apareció él. Él. Por primera vez me siento cuidada, protegida y sobre todo, me siento querida. Me hace reír, y me hace sentirme viva. Es capaz de hacerme estallar de alegría con solo un beso. De esos que te elevan y te crees capaz de tocar el cielo y flotar sobre las nubes. Y colores, muchos colores por doquier. Y quedo boquiabierta de tanta ternura que esparce sobre mí, por mí y para mí. Para mí. Para mí que capaz ni me lo merezco. Para mí que seguramente termine arruinándolo todo. Como siempre. Son tan distintos y a la vez me gustan tanto. Pero solo que éste último me quiere de verdad y se preocupa, y me pasa a buscar. Éste último me llama y me manda mensajes. Éste último me escucha aun cuando no digo nada o aun cuando las cosas que digo carecen de sentido alguno. Se queda hasta las cuatro de la madrugada escuchando mis historias por teléfono, o simplemente escuchando mi respiración. Se la juega, se toma el colectivo solo para verme apenas unos treinta minutos y no se queja. No lo hace. Y no lo entiendo y me da rabia. ¡¿Cómo puede haber personas como él!? Me compra caramelos sin pedir nada a cambio. Tiene una hora de viaje entre ida y vuelta solo para un par de besos y abrazos y risas. Muchas risas. Da y no pide nada. Nada. Nunca habían hecho algo así por mí o al menos tan así. Así. De esa manera tan dulce que lo hace, que me enferma de rabia pero al mismo tiempo me enloquece. Me encanta. Me encanta. Por primera vez me quiere alguien que no es ni mi padre, ni madre, ni amigo. Alguien a quien, no tengo palabras. Definitivamente no tengo palabras. Por primera vez no me alcanza el teclado. Disculpen. Fulano, si no hubiese sido por vos, capaz no estaría valorando tanto a éste  bien que trajiste hacia mí. De alguna u otra forma, gracias.  

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