Un poco de mí

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"Un quilombito lindo". Diecinueve años. Mambos y un par de cicatrices. Fobia al fracaso. Odio al chocolate. Amor por los libros (y la birra). Pero sobre todo, con un miedo particular al olvido; por eso escribo, "porque la memoria puede fallar pero lo escrito en este blog no falla, no se borra y no se pierde".

viernes, 9 de marzo de 2012

Me pica el cerebro.

Levantarme a las seis de la mañana, ir al baño y lavarme la cara. Mirarme al espejo mientras me cepillo los dientes. Peinarme mientras escucho algún tema de Guasones. Vuelvo al cuarto y busco qué ponerme. Una vez lista me tiro dos minutitos más en la cama. Té con tres galletitas de agua. Auriculares. Mochila. Seis y cuarenta: saludo a mamá y voy hacia la parada. Volví a la rutina, pero con una forma distinta de ver las cosas. Ya no me paso las cuatro horas de clase pensando en mis compañeros de primaria, alucinando sus voces recorrer por el curso. Ya no me imagino qué pasaría si fulano hubiese presenciado tal cosa o qué hubiese dicho tal otra en alguna situación. Segundo año. Dos años ya. Dos. Pasaron demasiado rápido, todo pasa demasiado rápido. Todas esas cosas que quisiéramos que estuviesen siempre, se esfuman. Ya no se me ocurren bromas para hacerle a la profesora cuando pasa por mi lado. Ya no espero el yogurt de frutilla los miércoles. Ya no me veo haciendo maldades. No me veo "pegándole" tiros imaginarios a la profesora de inglés. Ya no me veo llevando los papeles a secretaría y que Gustavo, el vicedirector, me salude. Ya no me veo peleando con Federico por tener el mejor boletín. Ya no me veo con los chicos alrededor hablando de temas poco agradables. Extraño, sí, pero ya me acostumbré. Me cuesta tanto arrancar de cero todo. Me cuesta tanto ser social, me cuesta tanto hablar con gente que no conozco. Y mañana empiezo inglés en un nuevo grupo. Seguramente son un poco más grandes, tal vez uno o dos años. Tengo muchas cosas para hacer y no me dan las cuentas. No me alcanza el tiempo. Siento que no me va a alcanzar y me voy a volver loca. Siento que no me va a dar el físico ni para taekwondo, ni para estudiarme esas miles de hojas con nombres en coreano para el examen de taekwondo. Siento que no voy a poder romper la madera, siento que me voy a olvidar la forma, siento que me voy a llevar un par de muchas materias, siento que no sé nada. Siento que voy a estar tan pendiente de handball que voy a olvidarme de ciertas cosas que importan más, siento que voy a dar mal el examen internacional de inglés, siento que me va a ir mal en muchas cosas. Estoy más que muy perdida. No entiendo nada, no cazo una. Una. Se me queman las neuronas de tan solo pensar que, para colmo, ni siquiera voy a tener libres los findes completos. Sin embargo, todas son cosas buenas que si logro pasarlas va a ser el mejor año de mi vida. Que si logro superar todo esto, puedo superar cualquier cosa. Quiero creer que me da la cabeza para tantas metas juntas. Quiero creer que tengo el estado físico necesario. Me da un poquito de miedo, lo admito pero bueno (todos conocemos mi terror al fracaso)... No puedo dejar nada: ni inglés, ni taekwondo, ni mucho menos el colegio. El problema es que no estoy muy comprometida con éstos asuntos, ése es el problema. En fin, los voy dejando. Tengo tarea de Historia (que Sol hizo y voy a copiar) y siete ejercicios de Matemáticas y otras cosas de Lengua. ¡Cierto! Los profesores... Por ahora me caen todos bastante bien, digamos. Solo que parecen muy exigentes y no tengo ganas de nada, además de que el cerebro, al parecer, aún no se dio cuenta que las clases ya empezaron. Suerte.

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