Un poco de mí

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"Un quilombito lindo". Diecinueve años. Mambos y un par de cicatrices. Fobia al fracaso. Odio al chocolate. Amor por los libros (y la birra). Pero sobre todo, con un miedo particular al olvido; por eso escribo, "porque la memoria puede fallar pero lo escrito en este blog no falla, no se borra y no se pierde".

sábado, 16 de abril de 2011

Cambios.

Primera parte:


Hola, sí. Otra vez yo, Agustina Escobar. De nuevo, como siempre. Creo que me enamoré, y estoy asustada. No me quería enamorar porque siempre me pasa lo mismo. Tocan la puerta de mi corazón, les abro, entran, me llenan de palabras tiernas y se van, destruyendo todo por completo. Empecé las clases el 9 de marzo, tenia nervios y la noche anterior no había podido dormir nada. Me da miedo conocer gente nueva y más cuando se convertirían en los "reemplazantes" de mis ex-compañeros, los de la primaria. Quería ir, pero no quería. Llegue, estaba re perdida, RE. Me senté con una chica. Veo a los pibes, ninguno que me gustara. "Por favor saquenme de acá" eso fue lo que pensé. Miré hacia la puerta y vi a un chico, era igual que Emanuel, era igual. Nos miramos y entró al aula. Miré al piso, con la mente en blanco y después, empezaron esos sentimientos raros. Fue rarísimo, me sentía demás. Sentía que todos estaban conformes, menos yo. Que era la única que no se sentía bien. Las ganas de salir corriendo y llevarme puesta a todos, era altísima. No me gusta ese colegio, no me gustan las sillas, no me gusta el pizarrón, no me gustan las paredes, no me gusta la estructura que tiene, no me gusta la voz de la profesora, no me gusta el ventilador ese, no me gusta el piso, no me gusta. Básicamente... no me gustaba nada. Me sentía sola aun estando Florencia (compañera mía de la primaria). Luego de que los padres hablaran con la tutora y demás, toca el recreo. Menos mal que una de mis mejores amigas va conmigo, pero a otro curso. Estuve todo el recreo con ella, y otras compañeras de la primaria (Laura, Lucia y Flor que ya la nombré). Sí, copamos el Normal Nº 10. Volvimos del recreo y tenía unas ganas de llorar inexplicables. Faltaba tan poco para que nos vayamos y lo peor es que la chica con la cual me había sentado primero, ya no estaba, se cambio de asiento. Pensé que iba a estar más sola que nunca; llegó otra chica y se sentó conmigo. Empezamos a hablar, de a poquito. Se llamaba Sol. Pasaron los días y nos hicimos amigas, muy amigas. Nos pasamos nuestros respectivos msn, teléfono y demás. Lo mejor fue cuando nos dieron la noticia que aún no teníamos profesor de Geografía. Toca el timbre, nos íbamos. Me sentía tan vacía. Me faltaban mis compañeros, los de verdad. No los nuevos con los cuales ni hablamos. Los quería a los otros, a los verdaderos. A los que me sonreían y me abrazaban y me mimaban. Me falto esa sensacion de ser "bienvenida". No recuerdo si fue el segundo día o el primero que nuestra tutora (Prof. de Biología) nos hizo hacer un ejercicio. Tenia un ovillo. La idea era pasarlo y al que le tocaba, tenía que contar sus cosas. Conté lo mío: mi nombre y apellido, integrantes de mi familia, las actividades que hacía, casi todo. Obviamente, ¿a quién le pasé el ovillo? Al chico ese que había fichado, lógicamente. Me levanté y se lo pasé: juega al fútbol, es de River, está federado, los padres están separados, y demás cosas que no recuerdo. Se llama Enzo. En mi cabeza empecé a compararlo con Emanuel: los dos son de River, físicamente son parecidos, la forma en la que hablan, sus nombres empiezan con "E". Después, la cosa era que se forme una especie de telaraña para después desenredarla y el ovillo tenia que volver hasta donde comenzó y teníamos que repetir el nombre de la persona de la cual nos había pasado el hilo. Enzo se acordó de mi nombre. Ok, gracias. Llegue a casa con una cara de tristeza, lo sé porque me miré al espejo. Mamá me preguntó como me había ido... Dije "bien". No quería preguntas al respecto de mi primer día en la secundaria, me ponía histérica.

Segundo día de clases: Patético. No me costaba levantarme, me costaba el saber que iba a estar en un aula llena de fantasmas, llena de silencio. Nadie decía nada. Me costaba el mirar mi mochila vacía, me faltaban esas cartas que me hacías Agustin, si; a vos te digo. Llevaba el bolso derramandose de recuerdos, de lágrimas que me guardaba. No soportaba estar ahí, y adivinen, NADIE HABLABA. Era tenso estar ahí. Y lo peor, la única que respondía las preguntas de los profesores era yo. Bonus track: no entendía por qué esa puerta se abría cada 30min con un profesor nuevo. Tenia una ensalada en la cabeza, extrañaba la organizacion de MI colegio, de MI primaria. Salí del colegio. Me tomé el bondi. Llegue a casa, la miré a mamá...

- No me gusta ese colegio, quiero volver a la primaria mamá por favor. No aguanto más, extraño todo mamá, quiero volver. Te lo pido por favor, quiero volver. Extraño a los chicos mamá. No me siento bien, hay mucha gente, no me siento bien. Extraño a Ramses, a Agustin, a Fran, a Thomas, a todos.

- Ay Agustina, no estés así. Son cambios, ya te vas a acostumbrar, vas a conocer a personas nuevas. Es un cambio para que crezcas, no llores.

- No mamá. ¿No te das cuenta? LOS PERDÍ. LOS PERDÍ A TODOS. Y ahora estoy en un aula con unos flacos que no tengo ni la mínima idea de quienes son.

- Basta Agus. No llores, no llores. Me vas a hacer llorar a mí.

- Cambiame de colegio, no quiero volver ahí. No quiero saber nada de esa secundaria, no aguanto más.

- Si te cambio, va a pasar lo mismo con cualquier colegio donde vayas, es cuestión de que te acostumbres.

- Extraño la silla mamá ¿Entendes? LA SILLA!!!

- (mamá llorando) Me pones mal Agus. No llores más.

- No puedo para de llorar, los extraño. No me entendes ¿no?

- ¿Tanto los extrañas?

- Los conozco más que a mis primos mamá, era mi vida. Cuando vos me tratabas mal por alguna cagada que me mandaba ellos estaban ahí.

- (silencio)

Se van a olvidar de mí.

- Eso depende de cada uno Agus...

- Tengo hambre, voy a comer...

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